La Historia de La Hacienda de Los Morales es tan antigua y rica como las propias costumbres mexicanas y forma parte de la propia historia de la Ciudad de México.

Los primeros capítulos de la historia de La Hacienda de Los Morales se ubican en la época de la Colonia. En esta época era una sección de tierra al poniente del Valle de México. Cuando se hicieron los primeros repartos, el Rey de España las concedió a Hernán Cortés, Capitán General de la Nueva España. En estas extensiones existieron las primeras "moreras" para la crianza del gusano de seda, razón por la cual se les dio el nombre que ha perdurado más de cuatro siglos: "La Hacienda de Los Morales".
 



1526
Luego de consumar el sitio de México - Tenochtitlán, Hernán Cortés reestablece una estructura de gobierno distinguiendo a los miembros de la aristocracia mexica, de la que sobresale la joven, Isabel, primogénita de Moctezuma, antepenúltimo señor mexica. Al contraer matrimonio con el español, Alfonso Grado, que ostentaba el cargo de "Visitador de los Indios", Cortés concede a la novia la encomienda de Tacuba en cuyos términos sería fundada La Hacienda de Los Morales.

1539
Tres vecinos de Tacuba, auxiliados por un intérprte, vendieron a un español, Francisco Gudiel Barbero, un pedazo de tierra a manera de "dicho paño", según dice la escritura de compra-venta respectiva. Se trataba de una extensión de 120 brazas de ancho y 170 de largo, practicamente seis hectáreas por el rumbo de Ximilpa. Por concepto de la operación se pagararon en total veinte pesos de oro, una cantidad de metal amonedado que hoy equivale a un centenario.
Los vendedores Juan, Sancho y Francisco eran "indios principales y gobernadores", aunque sujetos a la voluntad de su encomendera, Doña Isabel de Moctezuma. Aquella operación de compra-venta fue, hasta donde se ha podido averiguar, el antecedente más remoto en la formación de la extensa propiedad que desde 1645 se conoció como Los Morales.

1540
Con el intento de criar gusanos de seda en la Nueva España, en los terrenos de la hacienda se sembraron matas de mora que, con el transcurso de los años, llegaron a formar un bosque de considerables dimensiones para alimentar a las larvas del gusano de seda. Así nació el nombre de Los Morales. El nombre prehispánico, Ximilpa, cayó en el olvido casi total. Como la moraleda, Ximilpa, subsiste solo como nombre de un callejón en la periferia del Barrio de Tacuba.

Don Lorenzo de Tejeda adquiere las tierras de Ximilpa y las extiende, además de habilitarlas para el cultivo de granos y cría de ganado. Construye además la Zanja de Los Morales, un acueducto que trazaba una serpenteante trayectoria de norte a sur y cuyas huellas se reconocen todavía hoy en el trazo de la ciudad.

1645
La Hacienda de Los Morales fue alquilada a Juan de Contreras, cuya primer obligación fue trillar, moler, vender y pagar al propietario la cosecha en ciernes y, desde luego, cubrir los impuestos y los pagos de cuatro censos.

1647
Se inició la construcción de un finca que sus dueños llamarían San Juan de Dios de Los Morales. El agua que corría por la Zanja de Los Morales fue constante motivo de litigio entre los dueños de la hacienda y sus vecinos.

1693
Bartolomé de Terreros, entonces dueño de La Hacienda de Los Morales, solicita a Don Francisco de Aguilar y Seixas, Arzobispo de la ciudad, permiso para oficiar misa en la capilla que construye en el casco de la hacienda. Doña Ana María Romo, Viuda de Gómez Prado, embellece el recinto.

1821
Durante el mes de septiembre, el independentista Agustín de Iturbide y Juan O´Donojú, Virrey de la Nueva España, aceptaron la invitación extendida por José de Garay, dueño de la Hacienda, y disfrutaron de su hospitalidad para desayunar en el casco de Los Morales. Tal vez se les obsequió con la novedad gastronómica de aquel tiempo: Chiles en Nogada. Este platillo fue inventado en honor de Iturbide y servieron el 28 de agosto para festejar el día de su santo, cuando estuvo de paso por la Ciudad de Puebla.

1847
Los Morales sirven de hospedaje al General Juan Alvarez y sus tropas de resistencia ante la invasión norteamericana del General Winfield Scott.

1914
El General revolucionario Francisco Villa utiliza Los Morales como refugio para acampar sus tropas de la División del Norte y alimentar a la caballada en los alfalfares de la Hacienda.

1920
Muere el Sr. Eduardo Cuevas Rubio, propietario de la Hacienda. En su testamento dispuso la partición de La Hacienda de Los Morales en cinco fracciones.:
 

  • Las secciones I y II, las más próximas a la Ciudad de México, se convirtieron en la Colonia Verónica Anzures.
  • La fracción III, que incluía el casco de la Hacienda, la heredó el Sr. Eduardo Cuevas Lascuráin. Tenía forma de un rectángulo alargado, desde el Carril Grande (Ejército Nacional) hasta el Camino de Piedra Redonda (Masaryk) y desde la Calzada Chapultepec - Tacuba (Mariano Escobedo) hasta el Camino Nacional (Anillo Periférico).
  • La fracción IV era la más grande y cubría todo el lindero norte. La beneficiencia española, las plantas industriales de General Motors, Colgate Palmolive, la Casa de Moneda, el Club Deportivo Mundet y la Colonia Irrigación son sólo la mitad. La otra, al poniente de la barranca de Jalatlaco se conocía como Rancho del Huizachal y fue expropiada en 1944. La mayor parte de este rancho sirve como Hipódromo de Las Américas, Club de Golf Chapultepec, parte del Campo Militar Número Uno y las instalaciones de la Secretaría de la Defensa Nacional y el Hospital Miliar. Abarca también el barrio de San Isidro y algo de la Herradura.
  • La fracción V dio lugar a las Lomas de Chapultepec y la Colonia Bosques de Chapultepec.


1930
En esta década se ubicó un nuevo fraccionamiento, que abarcaba sólo desde Campos Eliseos hasta Masaryk y de Moliere a Arquímedes. Actualmente constituye la Zona de Polanco.

1967
Por ahí de 1965, se realizó la primera de una serie de juntas de trabajo, la convocaban el Arquitecto Juan Cortina Portilla, Don Pedro Gorozpe y el Sr. Antonio Cuevas Núñez. El propósito de la reunión era despertar el interés de una nueva empresa: Hacer del casco de la hacienda el mejor restaurante de la ciudad.

Para los trabajos de adaptación del inmueble, se acudió a los Arquitectos Landa, y su colega Juan Cortina del Valle. La cocina y las instalaciones para el personal se hicieron completamente nuevas. Don Pedro Gorozpe definió la distribución precisa de las áreas. Adyacente al sitio escogido para las nuevas cocinas, estaba convenientemente situado el edificio del antiguo molino: la planta baja se destinó a bodegas y un nivel superior se acondicionó como salón aprovechando además su considerable altura.

En lo que era el viejo casco de la Hacienda, el cambio más notable consistió en reubicar la escalera y acondicionar los sanitarios en las habitaciones adyacentes.El antiguo Salón Comedor fue adaptado como salón para el aperitivo. Por cuanto al comedor, se construyó completamente nuevo.

Por razones tanto prácticas como estéticas, a espaldas de la casona se agregaron nuevos corredores columnas, arcos y otros elementos de piedra recuperados de una mansión en la Colonia Roma que iba a ser demolida. Así como también diversas ornamentaciones de madera tallada y de hierro forjado, se adquirieron a varios anticuarios.

La última decisión de importancia fue abrir la entrada al restaurante por la recién trazada calle de Vázauez de Mella.

El Restaurante de La Hacienda de Los Morales fue inaugurado el 14 de abril de 1967.

Posteriormente, a finales de los años ochenta se decidió aumentar la capacidad del restaurante. La primera obra fue la ampliación del comedor, agregando la sala de la gran pintura de Germán Gedovius al fondo. Rápidamente fue seguida por un mayor número de salones privados: Sacristía, Vitrales, Campanil. Vino luego la ampliación de los grandes salones de fiestas La Troje y Terraza, con el añadido de un salón más: La Estancia. Otra mejora consistió en construir el kiosco que se encuentra ubicado a un costado del jardín. El actual toque evocativo de las viejas haciendas mexicanas fue logrado por la intervención de los Arquitectos Javier Carral Escalante y Carlos Obregón Formoso.

También entre las mejoras de esa época, destacan el estacionamiento y la repavimentación del patio frente a la entrada principal.

Recientemente, la construcción del nuevo salón Las Moreras, al fondo del jardín con capacidad de albergar hasta 300 personas.